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Que entendemos por “hablar”

Que entendemos por "hablar"  Hemos dicho y escuchado muchas veces a otros padres o educadores decir cosas como: estate quieto, no grites, recoge los juguetes, siéntate en tu sitio, … parece que nuestras órdenes son claras y sencillas, entonces por qué no obedecen????

En alguna ocasión cuando me comentan esto les digo: pero por qué no intentas hablarlo con el niño/a; entonces me responden: “¡pero más no puedo hablar!!”.

Es entonces cuando me doy cuenta del error; confundimos hablar con expresar normas, órdenes y directrices. Pero no nos equivoquemos, esto no es hablar, por que entre otras cosas no tenemos en cuenta al destinatario: su capacidad de comprensión, su derecho a trato de respeto, sus sentimientos, sus pensamientos…

Que quiero decir con esto??, veámoslo:

  • Hemos valorado si el mensaje que le damos lo entiende
  • Hemos comprobado si lo que le pedimos puede y sabe hacerlo de forma autónoma.
  • Se lo hemos pedido con respeto o con autoridad, dominación y sin cariño. Tengamos claro que una imposición o una orden no apetece a nadie ser llevada a cabo, sin embargo si nos piden algo con amabilidad es más probable que lo llevemos a cabo, en los niños sucede igual.
  • Hemos valorado si el niño o niña lo entiende, quiere hacerlo pero hay algo que se lo impide, como su momento evolutivo o sus distracciones; por ejemplo cuando le pedimos a un niño de dos o tres años que se esté quieto no estamos considerando su momento evolutivo, ya que su situación biológica le obliga a moverse, explorar, investigar, … el niño seguramente lo entienda y quiera obedecer pero se encuentra atrapado en su necesidad de movimiento.

Si no tienes en cuenta todo esto, podrás pensar que el niño está siendo desconsiderado adrede, que te está tomando el pelo o se rebela ante tus órdenes entrando entonces en luchas de poder. En la mayoría de los casos, los niños no están siendo “desafiantes” o “irresponsables”. Están probando y experimentando.

Hasta los cinco o seis años el niño no tiene la base del lenguaje del adulto en cuanto a  vocabulario, formación de frases complejas, recibir instrucciones, conceptos de tiempo, espacio y causalidad, normas básicas de conversación, normas cívicas…

Ahora que entendemos un poco más al niño demos un paso más. Qué entendemos por hablar.

Hablar, por lo tanto, no es dar órdenes, mandatos, instrucciones… de forma autoritaria, hablar es:

–          Expresar mis necesidades y sentimientos. “me siento mal cuando veo como me dejas la alfombra de papeles”, “no me gusta cuando después de pintar me dejas los papeles tirados por el suelo”…

–          Decir las cosas de forma tranquila y amable. “recoge los papeles de la alfombra”.

–          Se puede aportar información para que lo entienda mejor: “si dejas estos papeles por aquí tirados tu hermano se los puede tragar”.

–          Describe la situación evitando juicios: “Hay muchos papeles tirados sobre la alfombra”.

–          Intentar averiguar si me han entendido, por ejemplo pedirle que me expliqué que le he pedido.

–          Conocer si tiene sentimientos que le estén impidiendo hacerlo, por ejemplo: que está muy enfadado. Primero conecta y empatiza con el niño.

Las peticiones han de poder ser un mensaje bidireccional, no un monólogo ni un sermón, sino una comunicación donde ambas partes participen, donde permitamos al niño decir por qué ahora no lo puede hacer y entonces pactar que momento es bueno para ambos. Donde nos comente que esta impidiendo que nos ayude y solucionar el obstáculo con alternativas adecuadas para ambos intereses. Pongamos el siguiente ejemplo:

Pablo de 5 años esta pintando en la salita con la tele puesta. Su madre ve que tiene todos los papales grandes y pequeños desperdigados por el suelo y quiere sacar del corralito al hermano pequeño de Pablo para que pasee por la alfombra.

Madre: Pablo recoge por favor los papeles de la alfombra

Pablo sigue pintando ajeno a lo que su madre acaba de decir, abstraído en sus dibujos.

Madre se pone en su campo de visión y le dice con tranquilidad: “Pablo quizás no me hayas oído, te he pedido que recojas los papeles de la alfombra”.

Pablo la mira y dice: ahora no  puedo mama

Madre: por qué ahora no puedes?

Pablo: por qué estoy terminando este dibujo tan bonito para ti

Madre: bien, lo entiendo en cuanto termines, me lo enseñas, me encantará verlo terminado y entonces recoges los papeles del suelo.

Pablo: termina y le enseña su dibujo

Madre: has utilizado unos dibujos muy vivos, no te parece?. Recuerdas que teníamos que hacer ahora?

Pablo: si recoger los papeles

Madre: estupendo, es que quiero dejar a Mario por el suelo para que le veamos gatear por la alfombra y se podría tragar algún papel de estos.

Esta podría ser una conversación tranquila, amable y firme entre una madre y su hijo. Si nos acostumbrados a solicitar las cosas, no instigar con hacerlo ahora  y en este mismo momento (que solo lleva a una lucha de poder) sino con un dialogo bidireccional conseguiremos resultados más sorprendentes. Aquí radica la diferencia entre hablar (ordenar, imponerse, no razonar…) o hablar (dialogar, entender, solucionar,…).

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