El egocentrismo innato de los pequeños

Egocentrismo infantil

Como educadores, técnicos, maestros, cuidadores, padres,… en ocasiones se nos olvida y pasa por alto una peculiaridad de los niños que nos exaspera en algunos momentos: su egocentrismo.

Según Piaget entre los 2 y los 7 años el niño/a vive plenamente el egocentrismo, entendida como la incapacidad cognitiva para distinguir entre su propia perspectiva y la del otro, pues el niño piensa que el mundo existe y se mueve entorno a él, no se trata de ignorar deliberadamente el punto de vista de la gente sino que su estado mental no le permite tomar conciencia de estas otras perspectivas. Por lo que no poseen la suficiente habilidad mental para entender a otros individuos que tengan diferentes concepciones de la realidad y creencias.
Aunque suele finalizar a los 7 años, puede prolongarse más allá de esta edad, dependiendo de la dinámica de interacción entre los padres y sus hijos.

Con esto debemos de considerar siempre que cuando un niño solicita un juguete, lo arranca de las manos a otro niño, pide algo insistentemente sin aceptar el “no” que se le da, …. No lo está haciendo para incordiar, hacernos la vida imposible o mermar nuestra paciencia y salud mental. Es más sencillo que eso, el niño no entiende que haya otra opción, solo sus deseos y necesidades individuales por que para el pequeño/a no existen otras opciones o alternativas, sino sus deseos y apetencias momentáneas.

Esto es básico para entender mejor a los niños con los que convivimos a diario, saber entenderlos, no enfadarnos sino adaptarnos a su realidad, conocimientos, habilidades y destrezas a la vez que vamos formando sus habilidades cognitivas, motóricas, lingüísticas,… y emocionales.

Elizabeth Pantley, al respecto, en su libro “educar niños hasta los 10 años” dice: Las acciones, pensamientos y palabras de los niños proceden del egocentrismo; si un niño quiere una galleta de chocolate sólo piensa en el rico sabor del chocolate y en el placer que obtendrá. No piensa en si le quitará el hambre, será adecuada para su dieta, económicamente podemos permitirnos comprarlo…. Solo quiere una galleta.  Si podemos evitar evaluar la motivación de los niños desde una perspectiva adulta y entender su conducta tal y como es, una necesidad o un deseo inocente, nos será más fácil responder de manera efectiva”.

Esta manera efectiva de responder, por lo tanto, será mediante una actitud tranquila, serena, paciente, amable y firme, de tal forma que si se le puede conceder su petición se hará pero si no es posible se le explicará que no es posible. Cuando digo explicar es ofrecerle una mensaje claro y sencillo de nuestra negación, dependiendo de la edad del niño puede que no lo llegue a entender pero fomentar estas habilidades emocionales significa hablar y expresar los sentimientos para que sean entendidos ahora o más adelante pero ir cimentando la base de la inteligencia emocional es esto, expresar sentimientos y fomentar la expresión de los mismos en los pequeños.

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