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¡No te quiero!, ¡Te odio!

¡No te quiero!, ¡Te odio!  Hemos oído en multitud de ocasiones la frase “¡No te quiero¡”, “ Te odio”, dicha por un niño/a con un tono enfadado. Cuando dicen esto no están pensando en el alcance de lo que comentan, están siendo dominados por el hemisferio derecho de sus emociones y sueltan estas frases (como otros niños en situaciones semejantes dirían insultos). Me he encontrado en situaciones así y veo las reacciones de los adultos ante ellas.

Imagínate que tu hijo, o tu alumno ante una petición tuya te suelta una de estas frases, ¿Tu como reaccionas?. ¿qué le dices?.

Algunas de las respuestas que he contemplado:

–          Poner cara de enfado y decir: eso no se dice

–          Responder: pues yo tampoco te quiero.

–          Dar la vuelta e ignorar lo que el niño/a a dicho

Pero debemos de darnos cuenta que el niño/a esta revelando sus emociones, está transmitiendo sus sentimientos y estos debemos de respetarlos, no debemos nunca coartar las respuestas emocionales de los niños pero sí redirigirlas, concretemos esto:

Respuestas que “estrangulan” las respuestas emocionales de los pequeños son:

–          Esto no se dice

–          Retira ahora mismo lo que has dicho

–          Eres un niño malo por decir eso

–          No se te ocurra volver a decirme eso

–          Yo tampoco a ti

El pequeño está transmitiendo un sentimiento y como tal debemos de dejar que se exprese pero, como educadores, hemos de enseñar como manejar estas emociones y frustraciones, no todo lo que se dice es válido ya que lastiman muchas expresiones; entonces podemos decirle:

–          Te ha molestado…

–          Parece que estas enfadado por…

–          Yo a ti te adoro, mejor cuéntame que te ha molestado.

Debemos siempre de pararnos a pensar que es lo más educativo, con qué respuesta nuestra estamos enseñando algo al menor. Pensemos después actuar si lo que hemos hecho ha sido beneficioso para el niño/a, le ha transmitido un conocimiento, un aprendizaje o por el contrario no hemos enseñado nada.

No entremos en luchas de poder verbales porque los adultos debemos de saber utilizar la corteza prefrontal, ya que por edad ha de estar desarrollar y se encarga de predecir las consecuencias futuras de actividades actuales, trabajar conforme a metas determinadas de antemano, realizar predicciones de resultados, creación de expectativas, y control social. Pero somos humanos y explotamos, por ello tomate el tiempo necesario para responder y actuar cuando estés calmado y hayas valorado y pensado las posibles respuestas útiles. Ten siempre en cuenta que de tus acciones y reacciones el niño aprende a manejar sus emociones, por lo que debemos enseñar a canalizar la rabia, la frustración, el estrés, la impotencia… expresando las emociones, liberando los sentimientos, pero sin herir a los demás.

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