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La obediencia en la infancia

La obediencia en la infancia  La obediencia forma parte del aprendizaje del control y regulación de la conducta, de la asimilación de las reglas y cumplir las reglas de manera consciente. El aprender a ser obediente consiste también en que se explique el por qué es necesario que se haga las cosas que se le pidan. Esto es muy importante que lo entendamos, analicemos los elementos de la obediencia para entenderla mejor:
A) Se necesita un control y regulación de la conducta: para que esto se pueda dar el niño/a tiene que tener un desarrollo emocional capaz de imponerse a las normas y no a sus deseos más inmediatos. Los pequeños menores de cuatro años no pueden ni tienen capacidad para controlar muchas conductas instintivas.
B) Se necesita asimilar y cumplir las reglas: han de recordarlas durante largo tiempo (o sea asimilarlas) y tener la madurez mental para seguirlas. Evolutivamente un niño menor de cuatro años solo puede seguir reglas muy sencillas y que hayan sido repetidas muchas veces.
C) Explicar el motivo de las normas y su cumplimiento: el entendimiento de un niño es complicado, no será pasados los tres años cuando comprenda mensajes breves y sencillos y esto no conlleva que sus apetencias instintivas y egocéntricas le concedan poder seguir las normas.
A los seis años empieza la segunda infancia. Los niños recuerdan mejor los límites porque su capacidad cognitiva es mayor gracias a que dominan más el lenguaje, y su historia personal e identidad está más consolidada. Aunque, por mucho que se les diga que no pueden romper los juguetes quizás vuelvan a tener otra trifulca. Por eso es importante ser constante y firme.
Tenemos que adaptarnos a las cualidades, edades cronológicas y momento evolutivo real de cada niño a la hora de imponer una norma o límite y ver sus consecuencias, no porque tenga cierta edad ha de entender y acatar las normas.
Tengamos claro que un niño empieza a interiorizar las normas, comprender ciertas pautas cívicas sencillas y básicas sobre los 3 años de edad, pero aún así sus deseos, inquietudes y motivaciones harán que se salte las normas aunque hayan sido recordadas hace medio segundo. Aun no tiene la capacidad de frenar sus deseos y hacer sus obligaciones, la que los adultos le imponemos como socialmente correctas y que ellos no entienden por que solo quieren jugar, explorar, manipular y responder inmediatamente a sus interrogantes.
Pongamos ejemplos claros:
– “Lucia no toques estos botones de la lavadora por favor” Si mama. Al medio segundo vuelve a tocarlos.
– “Ahora vamos a pasar por un charco no llevamos las botas así que no lo pises porque te mojaras los playeros”, si mama y lo pisa.
– “Vamos a ver a la tía Sofía, ella te quiere mucho, cuando la veas la dices hola y la das un beso, vale?” Si mama. Cuando llegan se niega a saludarla.
– “Solo te daré el balón si no lo lanzas y juegas con él por el suelo”, vale mama. Lo coge y lo lanza.
Estos y otros muchos ejemplos son reales y los hemos visto, vivido y escuchado, por eso debemos actuar de la siguiente manera con ellos:
– Hablarles de lo que no pueden hacer: continuar con estos mensajes claros sobre lo que pueden y no pueden hacer, porque cuando vayan madurando podrán aceptarlas mejor.
– Si ponen en peligro su seguridad o la de los demás, imponer un castigo razonable: retirar la pelota, dejarle sin jugar un rato, … explicándoselo sencillamente.
– Cuando vayan teniendo cinco y seis años sus capacidades cognitivas y emocionales les harán niños más obedientes.
– Durante estos primeros años es importante ser coherentes y consecuentes con lo que decimos: no podemos pasar hoy por alto una conducta que ayer les recriminamos ni ser nosotros quien nos saltemos esas mismas normas que tanto exigimos a los pequeños.
– Pero aunque los primeros años no sean capaces de obedecer, no quiere decir que no debamos poner los cimientos para que acepten normas cuando si sean capaces. Imponer normas, explicárselas y adaptarnos a sus individualidades será fundamental para conseguir niños obedientes con las normas sociales y cívicas básicas.
Con esto quiero que tanto maestras, educadoras, padres, madres, abuelos… no se frustren porque los niños y niñas de corta edad no les obedezcan, es normal; y si estamos cimentando correctamente el camino se conseguirá: paciencia.
No pidamos más de lo que pequeños de corta edad son capaces de dar, en ocasiones queremos que niños de 3 años se comporten como niños de 8 años y no puede ser. Disfrutemos de estas edades porque enseguida se hacen mayores y recordaremos con añoranza lo poco que disfrutamos de la pequeña infancia y lo adorable que es.

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