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La actitud de los adultos en la adquisición de habilidades sociales en la infancia.

La actitud de los adultos en la adquisición de habilidades sociales en la infancia.  Creo firmemente que los educadores y padres no sólo deben hacer conscientes a los niños de las conductas sociales inapropiadas, sino que también deben enseñarles alternativas constructivas específicas. Igual que sabemos que debemos enseñarl a los niños a atar sus zapatos, entender que los sonidos están asociados con las letras del alfabeto, reconocer las letras, escribir sus nombres… también debemos enseñarles las habilidades de comportamiento que puedan facilitarles experiencias más felices en la escuela, en el hogar y el en barrio.

Desenvolverse en la sociedad actual, quizás nunca como antes, a pesar de los avances tecnológicos, requiere del desarrollo temprano de una serie de habilidades de comunicación, interacción y lectura de diferentes claves sociales para poder sobrevivir emocional y laboralmente en la etapa adulta.
Muchos de nuestros niños, por diferentes razones, puede que no dispongan de unos recursos mínimos para desarrollarse adecuadamente en este aspecto. Las consecuencias pueden ser aislamiento social, rechazo, a veces agresividad, y, en definitiva, un desarrollo menos feliz y limitado en sus posibilidades de crecimiento.
La falta de habilidad social puede ser especialmente doloroso en la adolescencia, cuando la relación con los iguales y la transición a la vida adulta supone nuevas exigencias y retos comunicativos. La investigación sugiere que con la edad no mejora la falta de competencia social de muchos niños.

Las habilidades sociales proporcionan a los niños un medio a través del cual pueden dar y recibir recompensas sociales positivas, las cuales, a su vez, conducen a un incremento de la implicación social, generando más interacciones positivas.
Los niños populares refuerzan socialmente a sus compañeros con mayor frecuencia que los no populares, y reciben, a cambio, mayor cantidad de respuestas sociales positivas, tanto de los compañeros como de los maestros. Este ciclo positivo se perpetúa durante la adolescencia y, probablemente, en la vida adulta.
La enseñanza de las habilidades sociales y prosociales es particularmente importante en el caso de los niños de infantil y los primeros años de primaria.

Es de inestimable valor trabajar dichas destrezas en la escuela debido a que los padres frecuentemente suponen que éstas “se aprenden de manera automática”, es decir, creen que su hijo/a debe adquirir las habilidades sociales con sólo compartir con sus pares. Este enorme equívoco hace que no le presten atención a tan importante área de la educación del niño/a y, en consecuencia, muy frecuentemente el estudiante de infantil o de los primeros años de primaria presenta grandes deficiencias en el manejo de una cantidad considerable de dichas conductas sociales.

La actitud de los adultos es muy importante. Algunas de las actitudes más importantes que los adultos significativos deben tener en cuenta son:

a) Ofrecer un modelo adecuado.

Los niños y las niñas necesitan modelos correctos para aprender adecuadamente. El adulto debe, por lo tanto, comportarse habilidosamente y resolver conflictos a través del diálogo, saber conversar, desarrollar conductas asertivas, mostrarse receptivo ante los demás, expresar de manera adecuada sus emociones, defender sus derechos de manera no ofensiva para los demás, etc.

b) Valorar los aspectos positivos.

Frecuentemente se utiliza la recriminación con los niños y las niñas para corregir los excesos o déficits en habilidades sociales, dirigiéndoles mensajes (conductas verbales) como “¡Es un desobediente, no hay quien haga carrera de él! ; ¡No sabes defenderte, pareces tonto! ; ¡Este niño es malísimo! ; ¡Lo haces todo mal, no tienes remedio!”; etc. Sin embargo, es sabido que para que el niño y la niña desarrollen unas habilidades sociales y consigan un comportamiento social competente, los adultos deben cambiar esa actitud negativa o recriminatoria por otra más positiva, como:

– Valorar otras conductas alternativas que todos los niños y las niñas realizan y que con mucha frecuencia pasan desapercibidas.

– Mantener una actitud positiva ante cualquier logro del niño, por mínimo que parezca.

– Permitir que el niño o la niña realice las conductas, aunque en un principio no lo haga del todo bien.

– Entender que para saber hacer algo hay que entenderlo y luego practicarlo; los errores en el camino son necesarios para adquirir los conocimientos.

c) Facilitar el entrenamiento en un pensamiento divergente.

Nuestro entorno cultural genera sobre todo un estilo de pensamiento unidireccional, es decir, existe la tendencia a buscar una única solución a los problemas y situaciones de la vida cotidiana, sin tener en cuenta que en la mayoría de las ocasiones, las soluciones o alternativas pueden ser diferentes y múltiples. En este sentido, cuando el adulto anima a los niños y a las niñas a elegir la solución que más les convenga entre las distintas posibles, les está entrenando en el ejercicio de un pensamiento divergente. Esto se puede apreciar claramente en el siguiente ejemplo:

“El niño sube a casa enfadado porque le han quitado la pelota”.

FAVORECE un estilo de PENSAMIENTO DIVERGENTE

NO LO FAVORECE

 

Padres:

¿Qué puedes hacer la próxima vez

para que no te la quiten?…

¿Y qué más?…

De todas estas cosas que puedes

hacer, ¿Cuál es la que más te interesa?…

¿Cuál crees que te dará mejor

resultado?…

 

Padres:

¡Lo que tienes que hacer es no

bajarte más la pelota!

 

Ayudan a que el niño busque soluciones y

elija aquella que más pueda interesarle.

Los padres ofrecen la solución de

manera cerrada y negativa

 

 

d) Proporcionar ocasiones facilitadoras de habilidades sociales.

Cuando se ofrecen al niño y a la niña experiencias variadas que le posibiliten relacionarse en distintas situaciones sociales, se está favoreciendo el ejercicio y desarrollo de las habilidades sociales.

En resumen:

  • Las Habilidades Sociales se aprenden.
  • Es necesario ofrecer un modelo adecuado a los niños y niñas.
  • Valorar todas las conductas positivas.
  • No insistir en lo negativo; no recriminar.
  • Ayudar al niño y a la niña a utilizar un pensamiento divergente.
  • Proporcionarles situaciones variadas de aprendizaje social.

 

Irene Iglesias Ruiz

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