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Entrevista a una maestra de infantil. Importancia de la Neurociencia en la educación

Entrevista a una maestra de infantil. Importancia de la Neurociencia en la educación  He querido compartir con vosotros/as esta entrevista de una maestra que llevó a su aula aplicaciones de la inteligencia emocional, la neurología, la disciplina positiva, las habilidades sociales en el aula…

Me parece un estupendo ejemplo de como llevar al aula estrategias para formar a los alumnos en habilidades para la vida, no dejarnos llevar por los malos modales y utilizarlos para revertir estas conductas en otras más prosociales.

Aplicación de la Neurosicoeducación en el aula.

Entrevista a María Barzi   “Se puede educar al ser humano de una manera más positiva, consciente de sí mismo y responsable de su propio destino”.

Dentro de la nutrida cantidad de hobbies que María Barzi tiene, se destaca el de la pasión por el estudio. Ella, que vive en Don Torcuato (un lugar “propicio para el contacto con la naturaleza”), disfruta de todo lo vinculado con la educación y, desde hace un tiempo, con el cerebro humano. Goza de la investigación y la lectura de todo lo referido a lo que pueda incrementar el potencial humano, especialmente lo vinculado “a modificar hábitos nocivos, para transformarlos en positivos o constructivos”. En su tercera década como docente de nivel inicial (se graduó en 1983) encontró el camino de la neurociencia y, mientras busca respuestas, trabaja junto con sus chicos.

¿Cómo te surgió la necesidad de buscar información distinta de la que ya tenías?

¡Me gusta mucho leer y estudiar de todo! Disfruto realmente de la lectura. Soy una persona curiosa, que siempre ha buscado caminos nuevos frente a las cosas que, de una manera u otra, me complicaban. Mi infancia no fue fácil por la estructura familiar que tuve. Crecí en San Isidro, por lo que pertenezco a una familia bien sanisidrense. Fui a un Colegio que me dio una buena base académica pero estructurada, aunque crecí con el fuerte sentimiento de que las cosas tienen un camino alternativo… Diferente y siempre lo busqué. Hace muchos años me formé como docente de nivel inicial. Tengo muchos años de psicoterapia encima y cada vez más se intensificó en mí un fuerte sentimiento de que, previo a corregir los errores del pasado, existía la posibilidad de educar y formar a las personas de una manera distinta, con una concepción diferente de sí mismas, basada en la confianza de cada uno en sus propias posibilidades y en un amplio conocimiento personal. ¡Si te conocés a fondo a vos mismo, conocés, comprendés y te vinculás con los demás de una manera mucho más amorosa, respetuosa y creativa! Además soy mamá de dos jóvenes mujeres, divorciada desde que ellas eran muy chicas, y una de mis hijas presentó dificultades desde los 8, 9 años en lo escolar y social. Todos sus estudios clínicos siempre dieron bien, pero ella no era como todos… y yo siempre busqué ayudarla. Así fue como, hace 4 años, realicé mi primer curso de neurociencias en la Universidad de San Andrés. Fue una capacitación corta, pero que me estimuló mucho. Busqué en Internet todo lo que pude encontrar. Este año, comentando con una compañera de trabajo sobre el tema, me habló de ustedes.

¿Qué información nueva te sumó el curso de Inteligencias Múltiples que realizaste?

Soy una eterna estudiante de 51 años. La capacitación ordenó, encauzó y le sacó el polvo a mucho de lo que tenía de diferentes vertientes: estudios previos, trabajo personal, intuiciones a partir de observarme mucho a mí misma y a quienes me rodean, experiencias de vida, etc. Me fascinó ver confirmado que se puede educar al ser humano de una manera más positiva, consciente de sí mismo y responsable por su propio destino. Hay cosas que uno las escucha desde la psicología o desde los buenos consejos, pero en esta capacitación encontré que tienen una sólida base científica y que los sentimientos vienen después de cómo estructuramos nuestro concepto de nosotros mismos.

Pensándonos de manera diferente y pensando nuestras situaciones cotidianas desde un punto de vista distinto podemos tener una vida mucho más plena, rica, variada y gozosa. ¡No estamos a merced de nuestros sentimientos y mareas internas. Aprendiendo cómo hacerlo podemos influir directamente en nuestros estados de ánimo, para mejorarlos y, como consecuencia, nuestros entornos, relaciones y vidas!

Te pido que me cuentes en dónde trabajás y qué actividades realizás con el grupo de niños que tenés a cargo.

Trabajo en un colegio: muy lindo, bilingüe y de perfil familiar y solidario. Soy maestra de castellano de la sala de 5 años. Es un muy lindo grupo. Tengo varios chicos que presentan dificultades vinculares.

¿Podrías desarrollar el proyecto de alfabetización emocional que quisiste llevar a cabo con los chicos? ¿Qué te llevó a pensarlo?

Yo me encontré con un grupo de gigantes que reaccionaban bruscamente frente a cualquier contratiempo, que desmerecían o se burlaban del resto a pesar de su corta edad, que les costaba mucho escuchar a los otros, que hablaban todos a la vez… Se pegaban para resolver las situaciones planteadas entre ellos, se prestaban poca atención a sí mismos y, por ende, a los demás; les costaba hablar claro y fuerte a algunos de los chicos. En fin, todo eso me dio el estímulo para poner en práctica lo que iba aprendiendo y ordenando con ustedes y a pensar que si encaraba un proyecto así tenía mucho más para ganar que para perder.

¿Qué dijeron los chicos cuando les propusiste la tarea?

Inicialmente mostraron asombro, ya que los corrí de la estructura habitual. Busqué imágenes bien expresivas que ellos pudieran rápidamente identificar en sí mismos. Me pasó algo muy interesante: nadie asumía sentir en su propia piel el enojo. Obviamente, lo reconocían como sentimiento, pero cuando pregunté quién lo había experimentado en sí mismo hasta el más enojón y malhumorado de la sala lo negó. Entonces, puse esta emoción en mí misma y conté un par de situaciones a la altura de ellos que a mí me enojaban fuera del entorno de la sala. Me escucharon muy asombrados y a partir de allí, tímidamente, se fueron haciendo cargo de ese sentimiento en ellos mismos. Es más, traje a sus memorias situaciones vividas dentro del colegio sin remarcar demasiado a las personas. Uso el buen modo para hablarles siempre. Para mí, es BÁSICO el buen tono de voz: no grito nunca, ni por ellos ni por mi garganta. Recurro mucho al humor y a la exageración de ciertas caras o posturas para que, riéndose, lo puedan ver mejor y les llegue. De este modo, enseguida se aflojaron: eso quería yo. Necesitábamos encontrarnos con ese sentimiento muchas veces en la base de sus acciones y reacciones, aceptarlo, identificarlo, conocerlo y nombrarlo para no actuar desde allí ni seguir su impulso. Me escucharon fascinados, participaron conmigo, pusieron diferentes ejemplos, etc. Propuse reflexionar acerca de diferentes situaciones en donde una persona se enojaba y reaccionaba a los gritos o pegándole al otro. Las desmenuzamos todos juntos y todos participaban muuuy interesados y comprometidos con el tema, sin temores ni recelos. ¡Fue riquísima la situación! En un punto les propuse que, una vez llegado al punto del enojo, antes de reaccionar desde allí respirásemos hondo 3 veces todos juntos. Lo hicieron todos, serios y compenetrados. Les planteé que, desde ese lugar, pensásemos cómo resolver esa situación planteada… y ¡aparecieron respuestas y posibilidades muy diferentes!

¿Qué cambios observaste en el comportamiento de los chicos luego de trabajo con las emociones?

¡Enorme e inmediato! Empezó a desparecer el mal modo entre ellos, las faltas de respeto, las agresiones… No fue el trabajo de un solo día, fue una tarea del al menos dos semanas rondando sobre lo mismo, pero te puedo asegurar que tengo un grupo antes y otro después de ese trabajo intenso. Trabajan con ganas, se ríen, cooperan entre ellos, se ayudan, respetan y producen excelentes cosas entre todos. Si tengo que usar sólo una palabra para definir esto usaría el término mágico, aunque personalmente no me guste mucho.

¿Qué sentiste frente a las primeras reacciones?

Una profunda satisfacción por lo logrado y un enorme desafío por saber más para hacerlo carne en mi vida cotidiana. Tuve el inmenso desafío de querer ser reproductora y multiplicadora de esto como docente, con otras docentes y en mí propia vida y entorno. Mi vida en general está teniendo un vuelco MUY POSITIVO a partir de estudiar con ustedes y es por eso que sigo en carrera. Se experimenta, se siente y se vé, no son sólo teorías o palabras…

Te pedimos que nos cuentes alguna anécdota que te haya llamado la atención durante la experiencia que tuviste con los chicos.

Les cuento una experiencia que me sucedió poco tiempo atrás. Una tarde, uno de los alumnos que más dificultades me plantea, al entrar en la sala y luego sentarnos todos en ronda gritó a voz en cuello:“Supermán, sorete con pan…” y no se cansaba de repetirlo a los gritos, mientras me miraba fijo a los ojos. Recién empezaba la jornada y yo lo miraba atónita. Era bien consciente de varias cosas: teníamos varias horas por delante y el día podía terminar muy mal si yo no actuaba rápidamente y bien, ya que tenía 23 pares de ojos y oídos observando la situación, atentos a mis respuestas. En función de lo que venía leyendo en ambas capacitaciones que hice con ustedes decidí probar algo. Le dije muy suavemente, como si le estuviera comentándole que “afuera llueve”, que lo que él estaba haciendo a mí personalmente no me generaba nada, pero que a él le quitaría por completo todo el tiempo de parque. Agregué que en la sala él no podía cantar eso, ya que ese espacio no lo admite. Allí se detuvo, cambió su expresión y yo noté que el sorprendido era él. El resto del grupo se quedó mudo. Como recién entrábamos y estábamos comenzando la tarde yo evalué rápidamente que ese silencio podía durar poco, ya que para ir al parque faltaban 2 horas y pensé que empezaría nuevamente a la carga. Me anticipé, retomé el diálogo y le expresé que le iba a dar la posibilidad de revertir la situación con su propio accionar y comportamiento. Que solamente dependía de él: si seguía así, perdería todo su momento de juego libre, pero que si cambiaba su comportamiento yo modificaría lo dicho; en función de cómo él se portara, podía recuperar una parte del parque o todo. Le remarqué que yo confiaba en él, porque sabía que él tomaría una buena decisión porque es un chico muy inteligente. Por supuesto que cambió su acción en el mismo momento en que conversamos, no repitió más su letanía ni hizo nada por llamar la atención desde ese lugar nuevamente. Participó sereno y contento de todo lo que yo presenté. A las 14 hs lo felicité y le dije que se estaba portando realmente muy bien y que ya tenía medio parque ganado… ¡Todavía faltaba una hora! A las 15 hs lo aplaudí con todos sus compañeros por el esfuerzo realizado y tuvo todo su momento de juego en el parque.

¿Cuáles fueron las reacciones del entorno en el que te manejás cuando plateaste lo que querías hacer? ¿Qué sucedió con ellos luego de que llevaras a cabo tu idea?

Inicialmente me dejaron hacer por la confianza que me tienen, algo así como… ¿Querés hacerlo? Hacelo, pero casi como quien cuenta un cuento o arma un rompecabezas más. Pero luego, al ver los resultados logrados, me instaron a seguir trabajando así y me pidieron que, en algún momento del año, sea reproductora de esto para mi grupo de pares. De hecho, cuando le conté a la directora general del colegio que se hacía el congreso en Octubre me pidió que la anotara conmigo y que compartiésemos las experiencias juntas.

¿Cuál fue la reacción de los padres de los chicos?

Mostraron mucha gratitud por lo realizado, agradecimiento y reconocimiento al trabajo llevado adelante. Observan cambios en sus hijos, ya que los ven muy contentos; nadie quiere faltar al colegio ni irse temprano, etc.

¿Pudiste cumplir con los objetivos que te habías propuesto en cuanto al trabajo de los diferentes tipos de inteligencias?

Sí, y ¡cada vez más y mejor! Para mí ya no tiene vuelta atrás. He notado que trabajando de esta manera se potencian otras cosas y se benefician las tareas más rutinarias, ya que salen de “taquito” y sin dificultad. Mi base del trabajo, hoy por hoy, es integrando las diversas inteligencias, poniéndolas en práctica al tener que resolver cosas de diferente índole y aplicando todo el tiempo la mayor cantidad de inteligencias posibles. Los veo aprender felices, superar sus propias marcas todos los días, sorprenderse, avanzar, crecer, etc. Preguntan cada vez cosas más agudas, se interesan, se sienten capaces de resolver conflictos por sí mismos y lo comparten con alegría.

¿Cuál fue el resultado de la experiencia?

Un grupo mucho más unido y sólido, con confianza en ellos mismos y en los demás integrantes de la sala. Disfrutan estando juntos, son tolerantes entre ellos, se ayudan y apoyan. ¡¡Es un placer trabajar con ellos!! No es que no haya conflictos, lo que no hay es agresión física, peleas o situaciones de sacarse o romperse cosas entre ellos.

¿Qué resultados esperás a largo plazo con este proyecto?

Seguir explorando los alcances y las posibilidades secundarias que esto trae. Lograr formar seres humanos confiados en sí mismos y en la posibilidad de forjar ellos su propio destino con responsabilidad, sin estar a merced de los acontecimientos y reaccionando frente a ellos. Espero que sean conscientes de que uno puede cambiar pensamientos, actitudes, imágenes internas de uno mismo erradas y generarse una vida plena, consciente, responsable y feliz. Si esto se reproduce y se logra instalar el diálogo y la comprensión de uno mismo y de los otros, junto con la aceptación amorosa de uno mismo, lograremos formar una mejor sociedad. Creo que esto es absolutamente posible y no utópico, pero hay que arremangarse y trabajar a consciencia todos los días en pos de esto.

http://www.asociacioneducar.com/entrevista-maria-barzi

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