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El valor de compartir

El valor de compartir  En los tres primeros años de edad, a los niños les cuesta mucho compartir. Es la edad del “mío”, lo cual defenderán a toda costa. A estas edades no se puede esperar que el niño comparta de buen agrado.

Cuando un niño se niega a compartir sus juguetes, sabe que lo que está haciendo es incorrecto pero, sin embargo, no puede evitarlo.  Esto, se debe a que el centro de control de impulsos en el cerebro en la corteza prefrontal  se encuentra aún infra desarrollado. Sin embargo estas estrategias cerebrales podemos empezar a ponerla en funcionamiento, veamos como:

a)     Debemos enseñar al niño a solicitar y pedir aquello que no es suyo. Pero cuando pida algo prestado debe de entender que se lo pueden dejar o no, el solicitarlo no obliga a tenerlo un rato, puede que su dueño diga que no y debemos enseñar que hay que aceptar esta negativa. Pedir las cosas adecuadamente no significa que el otro se las deje.

b)     Saber devolver lo prestado. Hay que enseñarle a pedirlo correctamente pero también ha de devolverlo, no está bien dejarlo tirado por cualquier parte. Además tiene que cuidar lo prestado, no puede estropearlo, romperlo o deteriorarlo. Esto le enseña a respetar los objetos prestados.

c)      Enseñarle a no coger lo que es de otro sin su permiso. Es necesario que el niño/a entienda que no puede arrebatar o coger lo que es de otros niños. Por eso debemos enseñar la solicitud, osea pedir algo de forma educada y esperar que los demás hagan lo mismo cuando quieran algún juguete nuestro.

Y como podemos reforzar que el niño adquiera el valor de compartir.

– Dejar que el niño lleve juguetes a zonas de juego. Es muy común ver niños que salen al parque sin ningún juguete, así no podemos poner en práctica que comparta.

– Con elogios descriptivos donde el niño se sienta alabado por su bondad de prestar objetos personales.

– Respetar que haya algún juguete que no quiera dejar porque sea su favorito, se lo hayan regalado recientemente… en este caso podemos dejar que ese en concreto no lo preste y el resto sí. En estos casos lo más sensato sería no bajar estos juguetes al parque y que lleve aquellos juguetes que esté dispuesto a dejar, hablándolo en casa antes de reunir los juguetes que llevaremos.

Para que podamos prestar atención a todas estas cosas es fundamental estar a una distancia adecuada del niño para poder escuchar si pide objetos, si los presta, si da las gracias… y así reforzarle y recordarle aquellos aspectos que se le olviden, no ayudamos en nada a desarrollar este valor si nos situamos lejos de ellos y no les prestamos atención a sus juegos.

Estas estrategias será fundamental que en la escuela infantil las pongamos en práctica y esperar que las familias desde casa también lo sigan.

Cuando alguna madre/padre se queja de que su hijo no deja ningún juguete, debería de preguntarse si está facilitando o entorpeciendo que su hijo/a desarrolle este valor. Por que son en muchas ocasiones los padres y cuidadores quienes no están favoreciendo que el niño/a comparta. Os pondré ejemplos que he podido observar:

Ejemplo 1: Una niña de 4 años en el parque sacó cacharritos para cocinar, un niño de 3 años se acercó y le dijo “niña puedo jugar?”, la niña le respondió “no, no puedes, además eres un niño y no sabes hacer cocinitas”. La madre de esta niña estaba a una distancia prudencial y escuchó la conversación sin embargo ni pestañeó. Si no somos constantes en las técnicas de desarrollo de este valor no haremos nada.

Ejemplo 2: estando en la playa un niño que estaba jugando con sus cosas vió que al lado de su toalla había otros objetos y le atrajo una pala muy grande, como no había ningún niño cerca la cogió pero jugó ahí mismo. En cuanto vinieron los niños con su madre, ésta le quitó la pala al niño y recogió todos los juguetes. Sorprendente ¿por qué esta madre hizo esto si sus hijos no estaban molestos????.

Ejemplo 3: una madre y su hija de unos 20 meses (no llegaría a los dos años calculo yo) estaba en el parque jugando, estaba entretenida en el columpio, un niño llega y le pregunta a la niña si le deja su sillita (una sillita de paseo con una muñeca dentro) la niña dice “no mia, mia, mia nooooo” y se baja del columpio para impedir que la toque. A lo que su madre dirigiéndose al niño le contesta “es que ella no comparte nada”. Menuda justificación por parte de la madre, me quedé sorprendida.

Es fundamental pensar qué valores y habilidades sociales queremos instaurar en nuestros niños/as y luego ser coherente con lo que hacemos. La educación de un infante no se hace por “libre albedrío” sino que conlleva una planificación de estrategias y actitudes por parte del adulto responsable de la educación del menor.

Puedes ampliar mucho más de las habilidades prosociales en el curso “Trabajar las habilidades sociales para prevenir la violencia”.

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