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Alterar la tranquilidad en el trato diario con la infancia

Alterar la tranquilidad en el trato diario con la infancia  Todos hemos tenido el recuerdo y la experiencia de haber pasado por alguna clase donde el profesor/a intentaba controlar el aula a base de gritos y voces y lo que sentíamos en estas clases tan concretas. Lo mismo lo podemos llevar al ámbito familiar, lo que sentíamos cuando en casa se alzaba la voz y cuando por el contrario se respiraba una mayor armonía y paz.

En Infantil, los niños son muy vulnerables a las respuestas de los adultos, por que no esperan ciertas reacciones, por que no se dan cuenta de que están alterando la convivencia, por que son niños que viven el presente pensando que todo es juego y aun no manejan ciertas “reglas del juego social”. Pero cuando en el aula o en casa nos dedicamos a gritar para hacernos imponer o dar a entender que ya estamos muy enfadados lo que conseguimos con esta reacción es:

–          bloquear al pequeño/a, que no entiende esta “salida de tono”.

–          El susto que le puede provocar tiene como respuestas el llanto, por lo que deja de actuar o hacer lo que nos disgustaba, pero ¿por qué sabe que eso no se hace????, No, por que le hemos paralizado pero no ha comprendido ni entendido lo que queremos que asimile.

–          El pequeño que ve que las voces son algo cotidiano le hace dejar de afianzar los vínculos afectivos con el profesor teniendo reacciones como no querer ir al colegio, tener pesadillas por la noche, dejar de controlar esfínteres….

–          En un ambiente escolar donde las respuestas del maestro es elevando constantemente la voz, la concentración y atención se ven totalmente mermados.

–          El ambiente de aula no será armónico y tranquilo, respirándose un temor constante a las alteraciones.

Yo misma he podido intervenir con una niña con mutismo selectivo, que se negaba ha hablar en clase por los malos modales de su maestra y el miedo y bloqueo que ésta pequeña sentía en este ambiente.

El maestro/a puede llevarse arrastrado a mantener estas conductas por el estrés de un número cada vez más elevado de alumnos en el aula, la cantidad de conocimientos y contenidos que han de enseñar, no disponer de otras habilidades para paralizar las conductas disruptivas… Pero ha de ser éste el que se de cuenta del mal camino que está recorriendo y busque alternativas por la buena convivencia del aula y su salud mental. Es necesario hacer un esfuerzo por mantener bajo control la propia tensión, los gritos, la ironía o la brusquedad en los momentos difíciles.

Esto se puede trasladar al ámbito familiar, que llevados por otros motivos utilizan la voz alta y gritos para conseguir ciertas cosas. Habrá que valorar si realmente se consiguen los objetivos que queremos lograr, si estamos contentos con estas medidas o si por el contrario sería necesario cambiarlas por otras más empáticas y educativas para toda la familia. No pensemos que no existen otras medidas y que los niños solo aprenden por las malas; esta falacia solo la mantenemos si somos cómodos y no buscamos alternativas más efectivas.

En ocasiones llevados por las prisas, los destrozos repentinos ocasionados por los pequeños o el límite de nuestra paciencia les voceamos para dar a entender que estamos muy enfadados y no toleramos lo que lo están haciendo, es comprensible, todos hemos actuado así y es difícil reprimirse en ciertos momentos, sin embargo esto ha de ser una excepción no la cotidianidad de nuestra actuación.

Las maneras de canalizar y neutralizar esta ira momentánea es mediante el control personal, aislarse durante unos segundos o minutos si es posible para rebajar nuestro enfado, recordar que son niños y no lo hacen por herirnos sino porque aún no conocen o aun no han podido interiorizar otras habilidades y comportamientos y por ello podemos llevar a cabo las siguientes estrategias:

–          Explicarles por qué estamos enfadados

–          Pedir que nos relate por qué actuó así o los sentimientos que le han motivado a realizar dicha actuación (con niños mayores de 3 años).

–          Solicitar al pequeño maneras de subsanar el problema (si tiene 3 o más años).

–          Ofrecer alternativas claras o consecuencias y pedir que escoja cual sería conveniente (si tiene 3 o más años).

–          Explicar la consecuencia que hemos decidido que realice para subsanar el problema o conflicto.

–          Si hemos gritado, sido irónicos, dicho palabras hirientes… podemos rectificar y pedir al niño disculpas por nuestras malas formas.

De esta forma conseguiremos mantener buen ambiente y la confianza con el pequeño/a, y dejar de sentirnos mal por nuestras acciones impulsivas. Soy consciente de que en el aula tenemos un número grande de alumnos y puede resultar difícil llevar a cabo el dialogo, pero si lo ponemos en práctica será un gran ejemplo y lección de convivencia para todo el grupo.

Una maestra y madre me decía que esto está muy bien pero cuando no hay tiempo lo más rápido es seguir haciendo lo de siempre (amenazar, gritar, …). Yo la decía que lo que puede resultar más rápido es lo menos efectivo y que con estrategias empáticas pero firme y no tolerando las conductas inadecuadas pero si los sentimientos de los pequeños se consiguen grandes cambios, mejor armonía en el ambiente y un acercamiento emocional mayor.

La buena noticia es que siempre es posible rectificar, reflexionar y modificar nuestras estrategias en el aula y en el hogar.

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