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Ahora, un momento, espera…

 

Ahora, un momento, espera...

He querido desarrollar este tema porque es una de las cuestiones que más me demandan madres, padres y maestros, como poder frenar el “ahora voy”, “enseguida termino”, “un minutito”, …

Cuando les decimos a los niños: “ponte el pijama”, “ven a la mesa”, “recoge las pinturas” “deja de jugar”,… Sorprendidos nos quedamos cuando en vez de hacer las cosas nos responden “¡Ahora voy!” y tardan en venir, cuando dicen “¡un momentito!” y tardan en hacernos caso o “¡Espera un poco!” y, ciertamente, nos hacen esperar.

Párate sólo un momento a pensar cuántas son las veces que en un día tu hijo puede llegar a llamarte. “¡Mamá!”, “¡Papá!” “profe”. Párate a pensar cuántas veces te ha llegado a llamar. Bien, ahora párate a pensar en cuántas de esas ocasiones has acudido a la llamada en el instante, sin demora, en el acto. Es posible que cuando tu hijo o hija era peque acudieras enseguida. Es posible que dejaras enseguida lo que hacías y fueras para ver qué quería, pero es muy posible que, a medida que ha crecido, el tiempo que le haces esperar haya crecido también.

Hay padres y maestros que se pasan el día en el “¡Voy!”, “¡Un momento!” y el “¡Espera un poco!”, haciendo esperar al niño/a. Hay algunos que luego ni siquiera llegan a acudir si el niño no insiste. Somos verdaderos maestros de la escena, logrando que nuestros hijos tengan que esperar porque estamos haciendo algo impostergable. Pues bien, ante tal lección, ante tal ejemplo, ¿queremos que nos hagan caso al momento?.

Pues sí, lo queremos, pero no es justo. No lo es porque cuando ellos nos llaman, lo hacen porque les parece importante que vayas (aunque a ti no te parezca importante lo que estén haciendo), de igual modo que cuando tú les llamas lo haces porque te parece importante que vengan y hagan lo que les digas que tienen que hacer (aunque a ellos no les parezca importante).

Así que nos hacen esperar por que están entretenidos, por que necesitan unos minutos más para terminar, por que no les apetece hacer lo que les pedimos, o porque han aprendido a hacerte esperar por todas las veces que tú les has hecho esperar. No es una venganza, es un aprendizaje, es un rasgo de la socialización, del mimetismo, de conocer cómo funcionan las relaciones interpersonales al saber que, cuando alguien te pide algo, puedes, con un “espera un momento”, conseguir hacerlo unos minutos después.

Una vez analizado el posible origen del odiado “espera”, pasemos a madurar alguna alternativa para solucionarlo:

1-      Evitar hacer lo mismo nosotros, nuestro ejemplo es lo que genera el seguimiento de una norma implícita.

2-      Adecuemos el momento de nuestras peticiones, cuando esto sea posible, así seremos más efectivos: asegurémonos que nos está escuchando (no hablarle desde otra sala) y que realizamos nuestra petición en un momento que pueda ser atendida (evitar hacerlo cuando está viendo su programa preferido, por ejemplo).

3-      Hablar menos y actuar más. De nada sirven las reprimendas, excesivas explicaciones, discos rayados… Recordemos que tendremos que …. Si no … esto es una consecuencia que ha de ser respetuosa, razonable, relacionada con lo que no está cumpliendo y rebelada de antemano, entonces el chico tiene la capacidad de retomar la petición y que no llegue la consecuencia.

4-      Seamos concretos. Digamos con una sola palabra lo que tenían que hacer de forma respetuosa (sin gritos, amenazas, juicios…) solo recordarle “Juan enséñame tus deberes”.

5-      Utilicemos preguntas curiosas: “Juan que era lo que te había pedido?”, “Juan que habíamos acordado que harías ahora?”…

6-      Ofrecer alternativas: por ejemplo decirle “creo que no te apetece hacer los deberes, escojamos que hacer primero, empezamos con los de mate o los de lengua”, “hoy pareces muy cansado, quizás por eso no me hayas escuchado bien pedirte que es hora de ponerte el pijama, prefieres que te ayude yo o papa?”,

7-      Pactar con el niño como solucionar estas demoras de peticiones. No es convenirte entrar en un círculo de discusiones, sermones, luchas de poder… sino enseñarle que hay que, entre todos, buscar alternativas a una situación que incomoda a alguien de la familia.

8-      Utilizar un temporizador. También podemos pactar con el niño/a el tiempo que podemos esperar hasta que comience con la tarea planeada, por ejemplo: que te parece si en 10 minutos te pones el pijama, ¿Pones tú el temporizador?.

Son medidas donde hacemos al niño o niña partícipe de las responsabilidades y puede sentirse miembro del grupo (familia, clase…) sintiendo que es respetado y tomado en cuenta.

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